Mi territorio favotito

Mi territorio favotito

Para un fotoperiodista, el tema del paisaje es algo esquivo. Asistí a un taller de paisajismo con el maestro fotógrafo Efraín Vivas. Al llegar a la población de Quisiro para realizar la práctica, me encontré un ambiente, amarillento, donde el viento salobre y las ausencias te envuelven.

    Me alejé bastante del grupo en busca de la imagen que se desdibuja. Pasaban los minutos y nada; el sonido de la soledad me invadió. Al bajar la ansiedad por tener la foto, fue mostrándose cada parte de ese árido rompecabezas, y fui conciliando e interpretando la esencia del lugar.

    Tocó revisar el material realizado, Efraín hizo contundentes observaciones y te das cuenta de que estás lejos de tener algo medianamente bueno. En ese instante, volver al lugar se convirtió en un reto.

    La semana siguiente, con la premura del ego herido, convoqué a tres amigos —Ricardo, Danilo y César— a regresara para saldar la deuda pendiente con Quisiro, y nos encontramos con lo real maravilloso de ese Caribe infinito.

    Bastaron unas cuantas garúas para que el ambiente se mostrara vestido de domingo: suelos de cuarteados profundos y arcilla gruesa a flor de piel, dibujando variedad de formas geométricas que hacen un contrapunto con las dunas y la poca vegetación. La imaginación vuela y te hace pensar que andas en Marte.

A partir de allí, siento que el paisaje es algo vivo y que fotografiarlo es una forma de meditación, una conversación espiritual con la naturaleza. Hoy el paisaje es uno de mis territorios favoritos.