El Amiguito
Hacer una visita a la playa de Quisiro, en el estado Zulia, y no ver esa maravilla de la ingeniería automotriz —el bien llamado "El Amiguito"— sería como pasar por París y no visitar la torre de metal. Un viejo Willys, seguramente del siglo pasado, que te da la bienvenida con su cara de gente buena y ojos atentos, cual boy scout: siempre listo y dispuesto para cualquier eventualidad.
Lo primero que se me viene a la mente es cómo ha sobrevivido en un ambiente tan hostil como el de la sal marina, que devora insaciablemente toda estructura de hierro que encuentre a su paso. La respuesta, más que obvia: fue diseñado para vencer su tiempo, como todo lo creado para las guerras pasadas.
El Amiguito se ha adaptado a los tiempos actuales; seguramente tendrá una suspensión de Ford o un alternador de Chevrolet, con un electroventilador de esos genéricos para todos los modelos y, muy probablemente, el popular cochinito para potenciarlo. Pero a pesar de todas las adaptaciones, lo que nunca cambiará en el popular Willys es su imagen de vehículo para el trabajo rudo.
Son incontables los remolques de carros atascados en las arenas casi movedizas de Quisiro. Ya entrada la tarde, su dueño hace la ronda de reconocimiento por toda la orilla para ofrecer su popular servicio de rescate, montado en su corcel cual príncipe de cuento animado, orgulloso de vencer a la naturaleza…